Quedarse en casa no nos convierte en iguales. La igualdad aquí, es una dimensión que se puso en jaque. Es momento de preguntas, aunque no todas tengan una respuesta inmediata. La pregunta hoy, es fundamental para revisarnos como sociedad, no para juzgarnos ni juzgar a otros, sino para mirarnos y “ver” qué es lo que cada uno está reflexionando.
NO es lo mismo para mí, en mi condición de profesora con una vivienda digna, cómoda, con jardín, sol y un sueldo a fin de mes que, ahora más que nunca me sobra, que otros profes que viven con sus familias en viviendas pequeñas, pagando créditos que eran la única manera de acceder a ellas, tapados de 10 y 15 cursos de 25 alumnos, cada uno enviándoles los TP todos los días a sus Whats, a sus mails, al zoom, etc., etc., etc. Tratando de descifrar las fotografías de esos mismos trabajos prácticos, ilegibles e inentendibles, en la mayoría de los casos porque no disponen de los dispositivos necesarios para enviarlos de otra manera.
NO es lo mismo la realidad de mi sobrina que posee una computadora para realizar sus “tareas”, padres universitarios que pueden ayudarla, Internet con excelente señal y casas amplias donde jugar con sus mascotas, que los pibes de mis escuelas que transitan la villa donde viven en medio de una realidad que todos los argentinos bien conocemos.
No es momento de echar culpas a los gobiernos, digo que NO es lo mismo y que la cuarentena NO nos iguala. En tal caso, lo que nos iguala es el contexto de pandemia, la resolución de los gobiernos y el consenso de la mayoría.
NO iguala a las mujeres que viven la cuarentena siendo amadas y respetadas bajo el mismo techo, que las que ya han muerto a causa de los femicidios que, a esta altura, perdí la cuenta.
NO, no es lo mismo el Quedateencasa para los viejos, nuestros viejos en los geriátricos, sin visitas de ningún ser querido, que los que tuvieron la suerte de estar con sus familias siendo atendidos y queridos y respetados en su condición de grupo de riesgo.
NO ES LO MISMO.
Entonces, me sigo preguntando qué sociedad seremos cuando esto pase (porque pasará, y el año que viene, estaremos conviviendo con el corona virus sin miedo y sin paranoia, sino, vuelvan a leer esto en abril del 2021); qué pasará en nuestros vínculos con el otro en tanto diferente a mí, el otro como otredad, como ciudadano con derechos y obligaciones. ¿Qué pasará cuando el señor o la señora se olviden de taparse la boca al estornudar o toser, cuando andemos sin barbijos y volvamos a los bares y las fiestas. ¿Lograremos abrazarnos y besarnos y hacer el amor sin pensar antes en un posible contagio gripal? ¿Seremos señalados por herejes? ¿Nos convertiremos en policías de nosotros mismos? ¿Nos retaremos entre nosotros como a niños?
¿O seremos ciudadanos responsables, comprensivos de las diferentes realidades que nos atraviesan como sociedad? ¿Nos encontrará el fin de la pandemia y el confinamiento más hermanados y solidarios, comprensivos y humanos?
Pienso y observo a la naturaleza en estos días, a los animales, en su comportamiento mutualista, lento, codificado y armonioso aun en el dolor.
Pienso que es esa la utopía de sociedad.
No hay respuestas, solo preguntas por ahora.
Analía Rodríguez Borrego.
En este blog convergen pensamientos, reflexiones y experiencias en diferentes ámbitos educativos, que derivan de la actividad docente, en articulación con la teoría y el mundo de los textos. El trabajo de campo implica revisar permanentemente la práctica docente/profesional como lugar de reflexión y construcción del conocimiento. Aquí, vamos...
lunes, 20 de abril de 2020
jueves, 2 de abril de 2020
La escuela en tiempos de confinamiento pandémico.
Tiempos de Corona virus. Pandemia mundial. Miedo, incertidumbre, angustias varias. Quedate en casa. Adentro. POlicía en las calles. Prohibición de abrazos, besos, saludos del cuerpo, mates compartidos. Impedimento de salir a las plazas, de charlar cara a cara, de observar una mirada, de sentir un aliento tibio en los labios. Tiempos de cuasi guerra. Guerra bacteriológica. Crisis económica. Crisis de los afectos. Crisis mundial.
Con este panorama incluímos a la escuela en el escenario educativo. Terrible, no es así? Demoledor. Los padres no saben qué hacer con los niños en casa. Los profes, no sabemos qué hacer con los niños y adolescentes en sus casas. Las escuelas no saben qué hacer con los contenidos que se les siguen exigiendo del Ministerio para los niños y los adolescentes de las escuela. Un gran quilombo institucional educativo pintado de todos los colores del planeta.
Todos los adultos preocupados por el cómo. Nadie ocupado por los niños y adolescentes que no comprenden lo que sucede en el mundo. Muchos de ellos, no aprendieron aún a gestionar sus emociones, mucho otros no lo harán hasta llegada la adultez, con suerte y mucha terapia.
Mientras tanto, la población, la mayoría de la población de la escuela pública, no tiene acceso a las plataformas de Internet, no porque no tengan los dispositivos, sino porque no manejan las plataformas desarrolladas para este fin, el fin de la educación formal. Otra gran mayoría, solo tiene "datos" y no wifi, por lo que les resulta imposible bajar un video para ser trabajado "como si" estuviéramos en el aula. Las dificultades tecnológicas son bastantes. Quienes no se ocuparon hasta ahora, no lo harán en épocas de semejante crisis. Y es entendible.
Y mientras tanto los pibes. Agobiados por emociones que no pueden expresar. Desbordados por un encierro en situaciones varias: violencia intrafamiliar, necesidades básicas no cubiertas, delincuencia, tristeza, aburrimiento, etc. etc. etc.
Y nosotros los profesores que nos formamos para estar en un aula y mirara los pibes a la cara, y reir y aprender en equipo la construcción del conocimiento colectivo, hoy nos encontramos frente a la pantalla del famoso Google Drive, enviando "tareas" a alumnos que no conocemos. POrque no nos olvidemos que hacía dos semanas que habían comenzado las clases. Quienes son esos pibes? Qué necesitan en este momento? Qué texto, video, actividad les envío si infiero que deben estar más desconcertados que nosotros? Cómo me comunico con ellos para saber sobre sus prácticas, sus emociones, sus familias, su realidad?
En este contexto debo enviar los TP. Como si le hablara a una máquina que nunca me contestará como se siente y que no podrá poner en común, delante de sus compañeros lo que percibió del mundo al realizar la "tarea".
En este escenario intento dar un paso y envío los TP a cada curso con un cuento chino, precisamente. Y mi única espectativa , es que la palabra clave funcione como una llave que abra a la palabra en el espacio donde se encuentre. Como docente nunca tuve tan bajas espectativas. Como ser humano, nunca las tuve tan altas.
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