miércoles, 29 de julio de 2020

EDUCACIÓN Y ¿MIEDO?

Tengo inquietudes que podría traducir en "miedo" cuando regrese al aula en la escuela secundarias. Los profes no hemos hablado de las emociones que nos atravesaron desde nuestro lugar en esta cuarentena. Solo se han escuchado los discursos que expresan el cansancio, el hastío, el estrés y la falta de lógica en este período desconcertante de la Educación media.
Pero de cómo volveremos nadie habla, como si un gran silencio cubriera el tema Educación, como un velo que nadie quiere poner en palabras.
Porque qué profe no se ha replanteado su función educativa, su lugar en el sistema, su vulnerabilidad ante la vulnerabilidad de tantos pibes de quienes no sabemos nada (recuerden que hacía dos semanas que habían comenzado las clases cuando la cuarentena llegó). Como los sobrevivientes de una guerra, hemos silenciado la palabra, no podemos hablar de la escuela que queremos luego de esto, no podemos armar un proyecto que incluya tanto abandono y tristeza de la población educativa.
Solo se habla de las quejas... del estrés, de la locura.
Me replanteo cómo volveré al aula, cómo será pisar los pasillos de las escuelas, qué sentiré al entrar al aula, al ver las caras de los pibes que nunca conocí en 2020. Me replanteo si volveré a la escuela.
Intento imaginar una clase...no lo logro. Intento recrear y reformular una, donde todos podamos expresar lo tan callado en estos meses. No puedo. Quiero ser una más entre ellos y manifestar lo que he analizado sobre la Educación en el mundo.
Pero no es posible armar una foto de ese día, ni darle letra, ni ponerle el cuerpo. Porque tampoco imagino qué escuela habrá detrás del arcoiris, qué rostros me mirarán y qué lenguaje usaremos al regreso...si hay regreso.
La Educación ya estaba en crisis antes de "cuarentena". La Escuela temblaba como torre de Babel. Ahora la imagino impenetrable en su discurso, sosegada en su voluntad, devastada en su sentido.
Ahora la imagino tambaleante, desconcertada, desabastecida, pero con resabios de soberbia aun.
Pero no logro una foto de ese día en que pise sus pasillos y vea los rostros que no vi, y escuche a todos en el fragor de narrar lo inenarrable sobre lo sucedido.
Ojalá podamos usar todo el 2021 solo para intentar ponerle palabras, dentro el aula, a tantas historias que merecerán ser contadas. Para no silenciar más, para encontrarnos sin contenidos y planillas de mierda. Para mirarnos a los ojos y descubrir que somos más humanos que antes.
Analía Rodrìguez Borrego.
Librepensante.

jueves, 7 de mayo de 2020

EL MÉTODO


LA ESCUELA ha muerto en la cuarentena de 2020. La institución más prestigiosa de los últimos 200 años se ha visto afectada por la imposibilidad de desarrollarse tal como lo venía haciendo. Una nueva forma de mirar al mundo ha surgido y con ella, la educación formal deberá alterar su rutina tradicional para ingresar en el nuevo mundo que se abre de par en par.
Los docentes y profesores, comienzan a entender que las nuevas tensiones se producen a partir del encierro en estados de encierro, un doble blindaje que azota a alumnos, a padres, a directivos, a inspectores y al sistema en su totalidad. ¿Porqué doble encierro? Se entiende que la situación de cuarentena obligatoria, suspendió, puso en pausa al planeta, a las sociedades, al ser humano como sujeto social, y también como entidad biológica que forma parte de un ecosistema.
La prohibición de la libre circulación es el primer encierro, impuesto, privativo de lo público. Sabemos todo lo que implica como sociedad, no poder salir al espacio que es de todos y que fue creado para todos: plazas, calles, recreación lúdica, recorridos artísticos, etc.
El segundo encierro, aparecería en el orden de lo íntimo, lo intrínseco del ser humano, esto es , lo vinculado a la obligación de tener que mirar hacia adentro, de observar qué hay en las profundidades de la psquis, de nuestro campo interno, de nuestro mundo emocional. Este también es un encierro seudo obligatorio: no tenemos más remedio que hacerlo y, al ingresar en ese campo, amorfo muchas veces, nos debatimos entre la vida y la muerte de nuestras más arraigadas concepciones existenciales. Se inicia así una cadena de desprendimientos morales, ideológicos, teóricos y de creencias. Todas dimensiones que en el diario devenir de la vida cotidiana, no podíamos repensar con la conciencia de un contexto de cuarentena. No digo que todos los seres humanos estén repensándose existencialmente en este momento, pero sí es preciso decir que, debido a este singular contexto de pausa obligatoria, surgen espontáneamente pensares y sentires que reorganizan la vida y sus pensamientos: la vida interna y la externa.
En esa reorganización, aparece la necesidad del deseo de cambio, de transformación. Hemos descubierto que el trabajo es el yugo, lo estamos transitando más allá de las teorías laborales; entendemos que en ese encierro más íntimo, muchas veces la escucha se agudiza y los discursos que antes parecían estériles, toman forma, y su significado nos devuelve la imagen de lo que sí somos. Nos vemos como individuos dentro de otro individuo, un cuerpo dentro de otro cuerpo, dos, habitando los encierros, dos encierros, dos en constante batalla. Se produce la duplicación, el binomio encierro-encierro. Como si uno nos llevara indefectiblemente al otro, como si el confinamiento impuesto nos condujera al encierro interno y allí, se librara la batalla de dos fuerzas que son pulsión de vida, o de muerte.
Se instalará la pregunta acerca de lo que fuimos hasta aquí, de los sistemas que se sostuvieron hasta este momento, modelos que hicieron de nosotros lo que somos, que nos constituyeron como sujetos sociales, pensantes, sintientes.
La Escuela muere de golpe, aplastada por una pandemia que se dice tal sin demasiados fundamentos estadísticos, pero que ha llegado para poner en jaque la existencia de la institución más prestigiosa y democratizadora que nos hace (hacía?) libres.
¿Cómo volver al aula, ese espacio enrejado, cuadrado simétrico que se asemeja a una celda, en la cual se imparten órdenes y directivas uniformadas cual soldados prusianos, y de las cuales se espera el cumplimiento o la sanción? ¿Quién regresa a ese otro confinamiento absurdo a pararse en el frente ( de batalla) y hacer de cuenta que nada ha pasado porque apremian contenidos que el mundo global ya ha puesto al servicio de todos? Pero a su vez, ¿quien tendrá el valor de pensarse si quiera caminando por los patios, recorriendo los pasillos, saliendo a la calle a dialogar con los alumnos sobre lo que sucede a la vuelta de sus casas?
¿Qué método utilizaremos en la comunidad educativa para desarmar los depósitos de niños y adolescentes que hemos construido como sociedad? Porque a la escuela volvemos todos. Sin embargo, no es posible el regreso sin habernos por lo menos replanteado quienes somos, qué mundo queremos dejar a las generaciones futuras, quien es ese otro que nos habita, y porqué no es posible darle cause a esa energía vital que es tan doble, como el confinamiento.

Analía Rodríguez Borrego. Librepensante.

lunes, 20 de abril de 2020

LOS PROFES Y LOS ALUMNOS DE LA CUARENTENA. Una mirada sobre la ciudadanía argentina.

Quedarse en casa no nos convierte en iguales. La igualdad aquí, es una dimensión que se puso en jaque. Es momento de preguntas, aunque no todas tengan una respuesta inmediata. La pregunta hoy, es fundamental para revisarnos como sociedad, no para juzgarnos ni juzgar a otros, sino para mirarnos y “ver” qué es lo que cada uno está reflexionando.

NO es lo mismo para mí, en mi condición de profesora con una vivienda digna, cómoda, con jardín, sol y un sueldo a fin de mes que, ahora más que nunca me sobra, que otros profes que viven con sus familias en viviendas pequeñas, pagando créditos que eran la única manera de acceder a ellas, tapados de 10 y 15 cursos de 25 alumnos, cada uno enviándoles los TP todos los días a sus Whats, a sus mails, al zoom, etc., etc., etc. Tratando de descifrar las fotografías de esos mismos trabajos prácticos, ilegibles e inentendibles, en la mayoría de los casos porque no disponen de los dispositivos necesarios para enviarlos de otra manera.

NO es lo mismo la realidad de mi sobrina que posee una computadora para realizar sus “tareas”, padres universitarios que pueden ayudarla, Internet con excelente señal y casas amplias donde jugar con sus mascotas, que los pibes de mis escuelas que transitan la villa donde viven en medio de una realidad que todos los argentinos bien conocemos.
No es momento de echar culpas a los gobiernos, digo que NO es lo mismo y que la cuarentena NO nos iguala. En tal caso, lo que nos iguala es el contexto de pandemia, la resolución de los gobiernos y el consenso de la mayoría.
NO iguala a las mujeres que viven la cuarentena siendo amadas y respetadas bajo el mismo techo, que las que ya han muerto a causa de los femicidios que, a esta altura, perdí la cuenta.
NO, no es lo mismo el Quedateencasa para los viejos, nuestros viejos en los geriátricos, sin visitas de ningún ser querido, que los que tuvieron la suerte de estar con sus familias siendo atendidos y queridos y respetados en su condición de grupo de riesgo.
NO ES LO MISMO.

Entonces, me sigo preguntando qué sociedad seremos cuando esto pase (porque pasará, y el año que viene, estaremos conviviendo con el corona virus sin miedo y sin paranoia, sino, vuelvan a leer esto en abril del 2021); qué pasará en nuestros vínculos con el otro en tanto diferente a mí, el otro como otredad, como ciudadano con derechos y obligaciones. ¿Qué pasará cuando el señor o la señora se olviden de taparse la boca al estornudar o toser, cuando andemos sin barbijos y volvamos a los bares y las fiestas. ¿Lograremos abrazarnos y besarnos y hacer el amor sin pensar antes en un posible contagio gripal? ¿Seremos señalados por herejes? ¿Nos convertiremos en policías de nosotros mismos? ¿Nos retaremos entre nosotros como a niños?
¿O seremos ciudadanos responsables, comprensivos de las diferentes realidades que nos atraviesan como sociedad? ¿Nos encontrará el fin de la pandemia y el confinamiento más hermanados y solidarios, comprensivos y humanos?

Pienso y observo a la naturaleza en estos días, a los animales, en su comportamiento mutualista, lento, codificado y armonioso aun en el dolor.
Pienso que es esa la utopía de sociedad.
No hay respuestas, solo preguntas por ahora.

Analía Rodríguez Borrego.

jueves, 2 de abril de 2020

La escuela en tiempos de confinamiento pandémico.



Tiempos de Corona virus. Pandemia mundial. Miedo, incertidumbre, angustias varias. Quedate en casa. Adentro. POlicía en las calles. Prohibición de abrazos, besos, saludos del cuerpo, mates compartidos. Impedimento de salir a las plazas, de charlar cara a cara, de observar una mirada, de sentir un aliento tibio en los labios. Tiempos de cuasi guerra. Guerra bacteriológica. Crisis económica. Crisis de los afectos. Crisis mundial.
Con este panorama incluímos a la escuela en el escenario educativo. Terrible, no es así? Demoledor. Los padres no saben qué hacer con los niños en casa. Los profes, no sabemos qué hacer con los niños y adolescentes en sus casas. Las escuelas no saben qué hacer con los contenidos que se les siguen exigiendo del Ministerio para los niños y los adolescentes de las escuela. Un gran quilombo institucional educativo pintado de todos los colores del planeta.
Todos los adultos preocupados por el cómo. Nadie ocupado por los niños y adolescentes que no comprenden lo que sucede en el mundo. Muchos de ellos, no aprendieron aún a gestionar sus emociones, mucho otros no lo harán hasta llegada la adultez, con suerte y mucha terapia.
Mientras tanto, la población, la mayoría de la población de la escuela pública, no tiene acceso a las plataformas de Internet, no porque no tengan los dispositivos, sino porque no manejan las plataformas desarrolladas para este fin, el fin de la educación formal. Otra gran mayoría, solo tiene "datos" y no wifi, por lo que les resulta imposible bajar un video para ser trabajado "como si" estuviéramos en el aula. Las dificultades tecnológicas son bastantes. Quienes no se ocuparon hasta ahora, no lo harán en épocas de semejante crisis. Y es entendible.
Y mientras tanto los pibes. Agobiados por emociones que no pueden expresar. Desbordados por un encierro en situaciones varias: violencia intrafamiliar, necesidades básicas no cubiertas, delincuencia, tristeza, aburrimiento, etc. etc. etc.
Y nosotros los profesores que nos formamos para estar en un aula y mirara los pibes a la cara, y reir y aprender en equipo la construcción del conocimiento colectivo, hoy nos encontramos frente a la pantalla del famoso Google Drive, enviando "tareas" a alumnos que no conocemos. POrque no nos olvidemos que hacía dos semanas que habían comenzado las clases. Quienes son esos pibes? Qué necesitan en este momento? Qué texto, video, actividad les envío si infiero que deben estar más desconcertados que nosotros? Cómo me comunico con ellos para saber sobre sus prácticas, sus emociones, sus familias, su realidad?
En este contexto debo enviar los TP. Como si le hablara a una máquina que nunca me contestará como se siente y que no podrá poner en común, delante de sus compañeros lo que percibió del mundo al realizar la "tarea".
En este escenario intento dar un paso y envío los TP a cada curso con un cuento chino, precisamente. Y mi única espectativa , es que la palabra clave funcione como una llave que abra a la palabra en el espacio donde se encuentre. Como docente nunca tuve tan bajas espectativas. Como ser humano, nunca las tuve tan altas.

¿TRANSFORMACIÓN EN LA ESCUELA ACTUAL?

- Rodrigo, te pido que me dejes explicar el trabajo que tienen que hacer. Solo un minuto de corrido para que todos tus compañeros entiendan ...