Tiempos de Corona virus. Pandemia mundial. Miedo, incertidumbre, angustias varias. Quedate en casa. Adentro. POlicía en las calles. Prohibición de abrazos, besos, saludos del cuerpo, mates compartidos. Impedimento de salir a las plazas, de charlar cara a cara, de observar una mirada, de sentir un aliento tibio en los labios. Tiempos de cuasi guerra. Guerra bacteriológica. Crisis económica. Crisis de los afectos. Crisis mundial.
Con este panorama incluímos a la escuela en el escenario educativo. Terrible, no es así? Demoledor. Los padres no saben qué hacer con los niños en casa. Los profes, no sabemos qué hacer con los niños y adolescentes en sus casas. Las escuelas no saben qué hacer con los contenidos que se les siguen exigiendo del Ministerio para los niños y los adolescentes de las escuela. Un gran quilombo institucional educativo pintado de todos los colores del planeta.
Todos los adultos preocupados por el cómo. Nadie ocupado por los niños y adolescentes que no comprenden lo que sucede en el mundo. Muchos de ellos, no aprendieron aún a gestionar sus emociones, mucho otros no lo harán hasta llegada la adultez, con suerte y mucha terapia.
Mientras tanto, la población, la mayoría de la población de la escuela pública, no tiene acceso a las plataformas de Internet, no porque no tengan los dispositivos, sino porque no manejan las plataformas desarrolladas para este fin, el fin de la educación formal. Otra gran mayoría, solo tiene "datos" y no wifi, por lo que les resulta imposible bajar un video para ser trabajado "como si" estuviéramos en el aula. Las dificultades tecnológicas son bastantes. Quienes no se ocuparon hasta ahora, no lo harán en épocas de semejante crisis. Y es entendible.
Y mientras tanto los pibes. Agobiados por emociones que no pueden expresar. Desbordados por un encierro en situaciones varias: violencia intrafamiliar, necesidades básicas no cubiertas, delincuencia, tristeza, aburrimiento, etc. etc. etc.
Y nosotros los profesores que nos formamos para estar en un aula y mirara los pibes a la cara, y reir y aprender en equipo la construcción del conocimiento colectivo, hoy nos encontramos frente a la pantalla del famoso Google Drive, enviando "tareas" a alumnos que no conocemos. POrque no nos olvidemos que hacía dos semanas que habían comenzado las clases. Quienes son esos pibes? Qué necesitan en este momento? Qué texto, video, actividad les envío si infiero que deben estar más desconcertados que nosotros? Cómo me comunico con ellos para saber sobre sus prácticas, sus emociones, sus familias, su realidad?
En este contexto debo enviar los TP. Como si le hablara a una máquina que nunca me contestará como se siente y que no podrá poner en común, delante de sus compañeros lo que percibió del mundo al realizar la "tarea".
En este escenario intento dar un paso y envío los TP a cada curso con un cuento chino, precisamente. Y mi única espectativa , es que la palabra clave funcione como una llave que abra a la palabra en el espacio donde se encuentre. Como docente nunca tuve tan bajas espectativas. Como ser humano, nunca las tuve tan altas.

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