En este blog convergen pensamientos, reflexiones y experiencias en diferentes ámbitos educativos, que derivan de la actividad docente, en articulación con la teoría y el mundo de los textos. El trabajo de campo implica revisar permanentemente la práctica docente/profesional como lugar de reflexión y construcción del conocimiento. Aquí, vamos...
lunes, 18 de septiembre de 2017
41 años. ¿Qué es profe?
-Profe, ¿puede traer algo sobre “la noche de los lápices”?
- Sí Nahuel, claro, ¿qué escuchaste sobre el tema?
- Nada, que eran unos chicos que querían el boleto gratis para viajar y los mataron.
- ¿Algo más sabés? ¿Cuándo sucedió, por ejemplo?
- Ni idea, pero me parce que antes de mis papás, creo que en época de mis abuelos.
Claro, Nahuel tiene 15 y su mamá 31. Sus abuelos tienen 52 y 54. Para él es una “época” muy lejana de la que ha escuchado muy poco, casi nada. Sin embargo, algo o alguien han movilizado su sentir sobre el tema.
Llevo fragmentos de la película que todos hemos visto ya. Llevo fragmentos porque la película completa me resulta a mí, en particular, muy dolorosa y no tengo el coraje. No quiero llorar más en el aula. También he aprendido a medir mi vulnerabilidad para protegerlos, si yo me muestro débil, temo que no se sientan protegidos. No sé si es mi tarea, pero son adolescentes que necesitan adultos fuertes. Eso creo, pero no estoy segura.
Miran los retazos de esa película que no sé si se proyecta en las escuelas. La observan en un absoluto silencio, tal vez el único silencio mortuorio que he escuchado desde que doy clases. Asusta ese silencio en ellos. Miro sus rostros y las muecas que atraviesan sus rostros inmersos en el film. El momento de la manifestación en la calle, con los cánticos y los carteles de los estudiantes, tampoco los exalta, al contrario, el silencio crece aún en aquella escena que en otros videos los hace reír y gritar. Decido no interrumpir para explicar contenidos como suelo hacer con otros Films. No lo siento porque ellos no lo demandan. Solo miran inertes. Lucas mueve una silla y Lucila le grita que shhhhhh. Marino tose y Jerónimo le hace shhhhhh.
Suena el timbre del recreo, ese timbre que todos los martes los hace saltar del asiento dejándome con la palabra en la boca, intentando la última explicación del tema y que hoy, no se repite. No hablan ellos, no se mueven, no saltan de la silla para ir al recreo. Están absortos frente a la pantalla observando los retazos de esa película, observando los restos de una realidad que no les tocó vivir y que no comprenden. Yo tampoco salgo al recreo, decido acompañarlos en este estado de desconcierto en el que nos encontramos todos.
Me alegra que Nahuel me haya pedido la película en mayo, un día cualquiera y no hoy, 15 de septiembre, a los 41 años de aquel día triste.
lunes, 11 de septiembre de 2017
La Ma-estra con pan y manteca
Pan con dulce de leche, tostadas, chocolate con leche. El mantel de flores violetas, las servilletas de tela de cualquier color, calor de invierno en el comedor diario. Mi abuela va y viene de la cocina al comedor llevando y trayendo la merienda para las tres. Le ceba mate a mamá que mientras toma uno y otro, corrige los cuadernos, organiza nuevas cuentas y hace los dibujos para la próxima clase. Algunos le pide a María que se los haga, mi hermana dibuja bien y mamá quiere que queden lindos para sus alumnos.
YO no hago mis deberes en ese momento porque estoy obnubilada observando a mamá en su tarea diaria: todos los días se repite la rutina entre risas y merienda, como un ritual entre mujeres, mientras papá trabaja afuera de la casa a esa hora. Nosotras, las tres hermanas, pertenecemos a ese mundo que mamá y mi abuela construyen cada día. Patricia, la mayor, tiempo después se va a estudiar a la facultad y quedamos con María, mamá y la Ia mi abuela armando y desarmando las tareas de mamá.
La “b” con la “a” “ba”, la “b” con la “e” “be”, y así sucesivamente el rompecabezas de las palabras para los alumnos de mamá, van tomando forma. Tiene primer grado ahora, y nos cuenta de la escuela pública, porque siempre dio clases en escuela pública, nunca en privada. También dio clases en escuelas rurales de La Pampa. También dio clases en cuarto y en quinto y en tercero y en Santa Rosa, en la Escuela Hogar de las que Evita abrió. Y en la 12 de Necochea y también estuvo del otro lado, en Consejo Escolar, haciendo algo que no contaba mucho, se ve que no le interesaba tanto. A ella le gustaba el aula, nos decía, estar adentro con los chicos, cuidarlos en los recreos, escuchar sus historias, aconsejarlos y también, ponerles límites. Le gustaba armar las clases y a veces me contó de los nuevos métodos de estudio de Emilia Ferreiro. Esto me lo contó de grande, cuando yo ya era profesora y le pregunté cómo se enseñaba antes.
Pero también mi abuela era maestra, mi maestra de la casa. Ella mientras mamá trabajaba en casa, luego de que llegaba de la escuela (porque las maestras trabajan cuatro horas y media en la escuela y después siguen trabajando tres o cuatro horas más en la casa con las actividades de los alumnos…¿Quién fue que dijo que los maestros trabajaban 4 horas nada más? NO recuerdo ahora, pero creo que fue un presidente nuestro. Se nota que no sabía nada de docencia quien lo dijo. Claro, así es muy difícil modificar la concepción de la Educación, si los dirigentes que elegimos eligen a su vez a sus ministros de Educación especialistas en informática. Me pregunto qué sabe un informático de Educación si no está en educación. Por lo menos pedagogo, maestro, profesor, Master en Ciencias de la Educación, algo, no sé, una carrera afín. Me parece a mí, pero tal vez me equivoco. Y como van a hablar de Educación buena o mala si creen que los maestros trabajan 4:30 por día.
Ahora que soy profesora entiendo menos. Cuando veía a mamá tan apasionada trabajando de lo quería y amaba, pensaba que toda la sociedad estaba a favor de esa profesión: padres, madres, otros maestros, políticos, presidentes, ministros, la verdulera, el médico, el zapatero. Además íbamos todos a la escuela pública.
Ahora que soy profesora entiendo menos. En el aula propiciamos la paz entre todos, pero resulta que en la casa los padres prefieren que sus hijos varones se definan a las piñas, parece que es de machos medirse con otros varones compañeros. En el aula pedimos que investiguen fuera de la escuela sobre temas que les interesa a los jóvenes, pero parece que el tiempo de estudio se reemplazó por tiempo de compu, horas culo en silla frente a la pantalla durante cuatro o cinco horas. Los profes inventan deportes y actividades en Educación Física, pero es más interesante estar dentro del cuarto chateando, a salir en bici, en patines y romperse el alma varias veces al día, volver con las rodillas peladas y el cansancio de haber corrido diez cuadras porque se hacía tarde para volver de día a tomar la leche.
Me encanta ser profesora igual. Aunque a veces siento que emprendo una batalla campal, cuerpo a cuerpo con los adultos de los jóvenes alumnos. Porque la lucha no es con los alumnos que intentan conocer el mundo tan contradictorio en el que les toca vivir y desarrollarse. No, no señores y señoras: la batalla es con los adultos, padres, madres, políticos, gobernantes, que tienen discursos my diferentes a la escuela pública y que no conocen las realidades que transitamos los profesores dentro del aula.
Me encantaría instalar cámaras dentro de las aulas para que todos tuviéramos la posibilidad de ver y escuchar lo que sucede allí: yo he lagrimeado escuchando a alumnos llorar en clase contando muertes, abandonos y sufrimientos. Error mío tal vez mostrarme vulnerable, pero no he resistido tanta desidia y crueldad.
Me encanta ser profesora igual. Aunque me digan que están cansados de estudiar y de escribir en mi clase. Porque por suerte también me dicen “ahora quiero ir a la facultad profe”, y eso antes, era imposible de pensarse en su mundo. Y no porque la facultad sea lo más importante, sino porque la representación de la facultad como institución donde se pone en juego la palabra y el conocimiento colectivo, es descubierto por ellos a lo largo del año.
Bueno, y ahora los dejo porque me toca a mí el pan con dulce de leche y mate para preparar mis clases de mañana.
Analía Rodríguez Borrego
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
¿TRANSFORMACIÓN EN LA ESCUELA ACTUAL?
- Rodrigo, te pido que me dejes explicar el trabajo que tienen que hacer. Solo un minuto de corrido para que todos tus compañeros entiendan ...
-
Acompaño a Marco a votar a la Escuela Secundaria Nº 21 de LA PLAta, pleno Barrio Norte de la ciudad, corazón del Norte más Norte: casas de ...
-
Tiempos de Corona virus. Pandemia mundial. Miedo, incertidumbre, angustias varias. Quedate en casa. Adentro. POlicía en las calles. Prohib...
-
Los alumnos se preguntan estas cosas en la escuela, por escrito, anónimamente: Por qué el ser humano tiene que sentirse mal para que ot...