jueves, 26 de octubre de 2017

3ro C se pregunta

Los alumnos se preguntan estas cosas en la escuela, por escrito, anónimamente:


 Por qué el ser humano tiene que sentirse mal para que otro se sienta importante?
 Qué pasa después de morir?
 Por qué la mayoría no ayuda al que es menos para no ser centro de atracción?
 Por qué de chicos preguntamos tanto si de grandes saber mucho es peligroso?
 Por qué estudiar tanto si lo que nos gusta es una sola cosa para el futuro?
 Por qué hay amenazas de bomba?
 Por qué aumentó el tostado?
 Por qué a veces los compañeros se toman todo a joda?
 Por qué siempre los hombres se fijan en la belleza externa y no en la personalidad?
 Por qué la gente siempre quiere tener razón?
 Por qué no podemos elegir un tema y trabajarlo nosotros?
 Por qué tengo el pene tan grande?
 Por qué las rubias son lindas?
 Quien fue la primera persona en el mundo y cómo fue su vida?
 Por qué la gente sigue buscando el modelo en vez de ser feliz?
 Cuándo va a cambiar la sociedad?
 Cambiarías tu vida?
 Sos feliz?
 Te gusta ser quien sos?
 Por qué hay tanta discriminación?
 Por qué la sociedad es una mierda?
 Cuál es el sentido de la vida?
 Cómo podemos mejorar para los demás?
 Si pudieras viajar al pasado ¿ qué harías?
 Por qué no sé chamullar?
 Por qué soy como soy?
 Mi vida tiene importancia?
 Vale la pena levantarse si volvès a caer?
 Está mal ocultar todo lo que pienso para ser aceptado?
 Por qué siento que nada de lo que hago tiene importancia?
 Por qué la vida es algo natural y la muerte algo malo?
 La depresión y la oscuridad, son malos?
 Tengo miedo a ser olvidado?
 Por qué río para ocultar el dolor?
 Por qué tenemos que clasificar todo como hombre, mujer, animales, plantas?
 Está bien como estamos tratando al mundo?
 Sabemos que si lo tratamos mal nos morimos nosotros también?
 Somos parásitos del planeta que no paramos a matar a nuestro anfitrión?
 Alcanzará el sustento para todos los habitantes del planeta algún dìa?
 La sociedad prolonga la inevitable extinción de la raza humana?
 Con qué misión vinimos al mundo?
 Las leyes nos mantienen a salvo de lo injusto o solo están para hacer lo correcto?
 Por qué las personas se critican entre sí?
 Por qué es necesario sentirse superior?
 Por qué no tengo fe en la sociedad?
 Por qué a veces creo que todo se fue al carajo y la única solución es dejar de existir?
 Se puede odiar tanto a una persona?
 Qué es el amor?
 Por qué no hay movimientos en defensa del hombre?
 Por qué los adultos desvalorizan el pensamiento de los jóvenes?
 Cómo me va a ir en el futuro?
 Cómo será mi relación con mi papá en el futuro?
 Por qué el secundario agrega años y conocimientos innecesarios?
 Por qué existe el maltrato?
 Por qué la sociedad es tan distinta a tiempos anteriores?
 Por qué la gente se droga?
 Por qué hay tanta contaminación?
 Por qué vivimos tan mal?
 Por qué somos cósmicos?
 Existen los unicornios?
 Hay animales cósmicos?
 Todos somos inteligentes?
 Va a salir la Mujer Maravilla?
 Donde está Santiago Maldonado?
 Rosa o celeste?
 Negro o azul?
 Se puede mutar?
 Vendrá de nuevo Sawhousse?
 Por qué existe el prejuicio a los adolescentes?
 Por qué los adultos tratan de manejar a los chicos hasta los 18 años?
 Por qué existe la discriminación a la vestimenta o a lo físico?
 Me parece que el feminismo está mal.

Propongo en la clase de Construcción de Ciudadanía y en medio del caso MAldonado, que escriban en un papel las preguntas que se hacen sobre la vida.
Fiosofía pura lo que leo de ellos.
Ninguna de esas preguntas puedo responder y no es el objetivo hacerlo.
YO no estoy allí para llevarles tranquilidad, sino para que exploren entre las sombras y las luces de su ser.
La escuela no está para aleccionar, los profes no somos iluminados que damos respuestas certeras y precisas, siempre, a cualquier costo. El maestro acompaña los procesos de evolución que interpelan a los jóvenes como sujetos sociales, capaces de leer la realidad que los circunda y atraviesa.¿Es incómodo? SI la zona de confort se sostiene en las posibles respuestas a estas preguntas existenciales, entonces no hay crecimiento ni transformación.
Celebro las incomodidades.

Analía Rodríguez Borrego

domingo, 1 de octubre de 2017

5ta hora: los pibes. (HOmenaje a Jorge Huergo, maestro de maestros)

Hoy entramos en la etapa de reproducción de material audiovisual con 3 ro C. Miramos Presentes I y II, serie argentina de Canal Encuentro, producción 2014 de la TV pública. Los jóvenes y la escuela: representaciones y estereotipos, complejidades y tensiones.

Primer capítulo, Gonzalo. Vive en la villa. Asiste a la escuela pública con compañeros de todas clases sociales. Hasta aquí, el acontecer de la vida cotidiana. Un “cheto” de la misma aula, pierde el celular. Lo acusa a Gonzalo. Trompadas entre ellos. Preceptor lastimado. Gonzalo deja la escuela.


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- Profe, ¿puedo ir a cambiarme para fútbol que no llego?
- Sí Joel, claro que podés.
- Que bueno que me deja profe. La de matemática nunca me deja los jueves porque dice que no se puede salir del aula en clase.
- ¿Es importante para vos el fútbol Jo?
- Obvio profe, me apasiona, me muero si no voy.
- Bueno, decile a la de matemática la próxima, lo importante que es para vos el fútbol. Seguro te deja cambiarte en la escuela.

Joel tiene 15 y estuvo un año en un correccional de menores porque según me cuenta en un pasillo (no sé por qué me lo cuenta, a veces sus historias me duelen y no quisiera escuchar), lo agarró la “gorra” con una moto afanada que se había llevado con un amigo del barrio para dar una vuelta nada más. “Pero mi amigo tenía un arma y yo no sabía nada”.

"Los pibes ahí adentro se cansan de pegarte. No sabe profe los chicos que mueren ahí. Todos los días veía salir con la bolsa negra a los pibes. A mí me cagaban a palos porque la policía les da merca. Es horrible. Mire la marca de un hierro que me dieron y me abrieron la pierna". Se levanta el short de fútbol y veo la cicatriz y pienso, tiene 15 años. Pienso paralelamente en Tom, uno de mis sobrinos que a los 15 iba a la escuela y lo más grave que le pasó, fue ir en pantuflas y que sus compañeros se le rieran. Una escena llena de ternura y complicidad que terminó por ser la anécdota de fin de año. Una escena de adolescentes… Qué sé yo.

Me pregunto y pregunto a todos los encargados de las modificaciones de la Ley de Educación de los últimos 15 años, si a estos pibes es posible brindarles una educación humanizante, abrirles los espacios para que puedan poner en común sus conflictos, desandarlos con la palabra, manifestarlo en el lenguaje, cualquiera sea la disciplina expresada. Me pregunto y repregunto y pienso, si en esas modificaciones, de antes, de ahora, las que vendrán, alguien recorre un aula y comparte media hora diaria en las escuelas para saber de qué se trata ese compartir. Muchos de ellos necesitan ser escuchados y que, a partir de esa escucha, se pueda generar teoría y práctica unidas por la coherencia de lo empírico.
El Profesor Jorge Huergo, ha sido uno de los hombres de nuestro tiempo preocupado y abocado a la tarea noble y firme de hacer teoría, habiéndose metido en el barro de las luchas.

Gracias Profe, mi homenaje por tanto.

Analía Rodriguez Borrego

lunes, 18 de septiembre de 2017

41 años. ¿Qué es profe?



-Profe, ¿puede traer algo sobre “la noche de los lápices”?
- Sí Nahuel, claro, ¿qué escuchaste sobre el tema?
- Nada, que eran unos chicos que querían el boleto gratis para viajar y los mataron.
- ¿Algo más sabés? ¿Cuándo sucedió, por ejemplo?
- Ni idea, pero me parce que antes de mis papás, creo que en época de mis abuelos.


Claro, Nahuel tiene 15 y su mamá 31. Sus abuelos tienen 52 y 54. Para él es una “época” muy lejana de la que ha escuchado muy poco, casi nada. Sin embargo, algo o alguien han movilizado su sentir sobre el tema.
Llevo fragmentos de la película que todos hemos visto ya. Llevo fragmentos porque la película completa me resulta a mí, en particular, muy dolorosa y no tengo el coraje. No quiero llorar más en el aula. También he aprendido a medir mi vulnerabilidad para protegerlos, si yo me muestro débil, temo que no se sientan protegidos. No sé si es mi tarea, pero son adolescentes que necesitan adultos fuertes. Eso creo, pero no estoy segura.

Miran los retazos de esa película que no sé si se proyecta en las escuelas. La observan en un absoluto silencio, tal vez el único silencio mortuorio que he escuchado desde que doy clases. Asusta ese silencio en ellos. Miro sus rostros y las muecas que atraviesan sus rostros inmersos en el film. El momento de la manifestación en la calle, con los cánticos y los carteles de los estudiantes, tampoco los exalta, al contrario, el silencio crece aún en aquella escena que en otros videos los hace reír y gritar. Decido no interrumpir para explicar contenidos como suelo hacer con otros Films. No lo siento porque ellos no lo demandan. Solo miran inertes. Lucas mueve una silla y Lucila le grita que shhhhhh. Marino tose y Jerónimo le hace shhhhhh.

Suena el timbre del recreo, ese timbre que todos los martes los hace saltar del asiento dejándome con la palabra en la boca, intentando la última explicación del tema y que hoy, no se repite. No hablan ellos, no se mueven, no saltan de la silla para ir al recreo. Están absortos frente a la pantalla observando los retazos de esa película, observando los restos de una realidad que no les tocó vivir y que no comprenden. Yo tampoco salgo al recreo, decido acompañarlos en este estado de desconcierto en el que nos encontramos todos.

Me alegra que Nahuel me haya pedido la película en mayo, un día cualquiera y no hoy, 15 de septiembre, a los 41 años de aquel día triste.

lunes, 11 de septiembre de 2017

La Ma-estra con pan y manteca



Pan con dulce de leche, tostadas, chocolate con leche. El mantel de flores violetas, las servilletas de tela de cualquier color, calor de invierno en el comedor diario. Mi abuela va y viene de la cocina al comedor llevando y trayendo la merienda para las tres. Le ceba mate a mamá que mientras toma uno y otro, corrige los cuadernos, organiza nuevas cuentas y hace los dibujos para la próxima clase. Algunos le pide a María que se los haga, mi hermana dibuja bien y mamá quiere que queden lindos para sus alumnos.

YO no hago mis deberes en ese momento porque estoy obnubilada observando a mamá en su tarea diaria: todos los días se repite la rutina entre risas y merienda, como un ritual entre mujeres, mientras papá trabaja afuera de la casa a esa hora. Nosotras, las tres hermanas, pertenecemos a ese mundo que mamá y mi abuela construyen cada día. Patricia, la mayor, tiempo después se va a estudiar a la facultad y quedamos con María, mamá y la Ia mi abuela armando y desarmando las tareas de mamá.

La “b” con la “a” “ba”, la “b” con la “e” “be”, y así sucesivamente el rompecabezas de las palabras para los alumnos de mamá, van tomando forma. Tiene primer grado ahora, y nos cuenta de la escuela pública, porque siempre dio clases en escuela pública, nunca en privada. También dio clases en escuelas rurales de La Pampa. También dio clases en cuarto y en quinto y en tercero y en Santa Rosa, en la Escuela Hogar de las que Evita abrió. Y en la 12 de Necochea y también estuvo del otro lado, en Consejo Escolar, haciendo algo que no contaba mucho, se ve que no le interesaba tanto. A ella le gustaba el aula, nos decía, estar adentro con los chicos, cuidarlos en los recreos, escuchar sus historias, aconsejarlos y también, ponerles límites. Le gustaba armar las clases y a veces me contó de los nuevos métodos de estudio de Emilia Ferreiro. Esto me lo contó de grande, cuando yo ya era profesora y le pregunté cómo se enseñaba antes.

Pero también mi abuela era maestra, mi maestra de la casa. Ella mientras mamá trabajaba en casa, luego de que llegaba de la escuela (porque las maestras trabajan cuatro horas y media en la escuela y después siguen trabajando tres o cuatro horas más en la casa con las actividades de los alumnos…¿Quién fue que dijo que los maestros trabajaban 4 horas nada más? NO recuerdo ahora, pero creo que fue un presidente nuestro. Se nota que no sabía nada de docencia quien lo dijo. Claro, así es muy difícil modificar la concepción de la Educación, si los dirigentes que elegimos eligen a su vez a sus ministros de Educación especialistas en informática. Me pregunto qué sabe un informático de Educación si no está en educación. Por lo menos pedagogo, maestro, profesor, Master en Ciencias de la Educación, algo, no sé, una carrera afín. Me parece a mí, pero tal vez me equivoco. Y como van a hablar de Educación buena o mala si creen que los maestros trabajan 4:30 por día.

Ahora que soy profesora entiendo menos. Cuando veía a mamá tan apasionada trabajando de lo quería y amaba, pensaba que toda la sociedad estaba a favor de esa profesión: padres, madres, otros maestros, políticos, presidentes, ministros, la verdulera, el médico, el zapatero. Además íbamos todos a la escuela pública.
Ahora que soy profesora entiendo menos. En el aula propiciamos la paz entre todos, pero resulta que en la casa los padres prefieren que sus hijos varones se definan a las piñas, parece que es de machos medirse con otros varones compañeros. En el aula pedimos que investiguen fuera de la escuela sobre temas que les interesa a los jóvenes, pero parece que el tiempo de estudio se reemplazó por tiempo de compu, horas culo en silla frente a la pantalla durante cuatro o cinco horas. Los profes inventan deportes y actividades en Educación Física, pero es más interesante estar dentro del cuarto chateando, a salir en bici, en patines y romperse el alma varias veces al día, volver con las rodillas peladas y el cansancio de haber corrido diez cuadras porque se hacía tarde para volver de día a tomar la leche.

Me encanta ser profesora igual. Aunque a veces siento que emprendo una batalla campal, cuerpo a cuerpo con los adultos de los jóvenes alumnos. Porque la lucha no es con los alumnos que intentan conocer el mundo tan contradictorio en el que les toca vivir y desarrollarse. No, no señores y señoras: la batalla es con los adultos, padres, madres, políticos, gobernantes, que tienen discursos my diferentes a la escuela pública y que no conocen las realidades que transitamos los profesores dentro del aula.

Me encantaría instalar cámaras dentro de las aulas para que todos tuviéramos la posibilidad de ver y escuchar lo que sucede allí: yo he lagrimeado escuchando a alumnos llorar en clase contando muertes, abandonos y sufrimientos. Error mío tal vez mostrarme vulnerable, pero no he resistido tanta desidia y crueldad.

Me encanta ser profesora igual. Aunque me digan que están cansados de estudiar y de escribir en mi clase. Porque por suerte también me dicen “ahora quiero ir a la facultad profe”, y eso antes, era imposible de pensarse en su mundo. Y no porque la facultad sea lo más importante, sino porque la representación de la facultad como institución donde se pone en juego la palabra y el conocimiento colectivo, es descubierto por ellos a lo largo del año.

Bueno, y ahora los dejo porque me toca a mí el pan con dulce de leche y mate para preparar mis clases de mañana.

Analía Rodríguez Borrego



jueves, 24 de agosto de 2017

Profe, no tenemos ganas porque…


Escena 1.
Sobrevivir a la realidad del aula.


- Sofía, hoy que traigo un actividad que me venís pìdiendo hace tiempo y que te encantó hacer, me decís que no tenés ganas.
- Lo que pasa es que no me siento bien profe hoy. Me peleé con mi papá ayer porque trató mal a mi mamá y me fui con mi hermano sola a casa.
- Bueno Sofi, los padres a veces se pelean y está bien que te hayas ido con tu hermano mayor a tu casa.
- Es que mi papá se enojó porque mi tío, el hermano de mamá que está preso porque mató a mi otro tío, va a salir de la cárcel y dijo que va a venir a matarlo a mi abuelo que lo denunció. Por eso profe, hay mucho lío en casa y no tengo ganas de escribir un cuento.

La profesora se preguntó qué es un cuento, ahora más que nunca.

Escena 2.
Desesperanzas.

Proyecto educativo de 3 C: Producción audiovisual teniendo en cuenta las diferentes temáticas sobre los jóvenes de hoy.

Violencia de género.
Violencia en la sociedad.
Bullying
Maltrato animal.
Identidad de género.
La mujer en la historia.

- ¿Para qué hacemos esto profe?¿Para qué nos sirve?
- Tal vez porque cada video que están presentando lleven conciencia a otros espacios sobre la realidad que vivimos. Podemos mostrar sus trabajos en la escuela, y es posible que logremos recorrer otras escuelas donde se están trabajando estas temáticas. Ayudaría a otros a saber más sobre los temas que estamos viendo y analizando ( todo esto lo pude decir en 20 minutos, y no de corrido)
- Pero el mundo no va a cambiar porque nosotros llevemos estos videitos a otros lados.
- ¿Y como puede cambiar un poco el mundo, Julián? NO digamos todo el mundo, porque suena demasiado ambicioso.
- NO va a cambiar porque la sociedad es una mierda- dice Lautaro que nunca habla.
- ¿Y por qué es una mierda?
- Porque siguen matando mujeres y esta información ya la sabemos todos, la información de los videitos ya la sabemos y siguen las muertes- grita JOsua y se saca la gorra que no se quita nunca.
- ¿Y ustedes saben cómo vivían las mujeres hace 200, 300 o 500 año? ¿Cuáles eran sus derechos, como las mataban, etc?
- Igual que ahora- dice Luis sentado en el fondo, mientras escucha música con sus auriculares, como todas las clases desde que empezó el año.
- Entonces deberían estudiar un poco más Historia- sugiero.
- Lo que pasa profe, es que los varones piensan que se las saben todas y siempre se aburren de todo. Y si hacemos algo creativo y mostramos algo diferente a lo que se ve en todos lados, por ahí estaría bueno, no?- afirma Mica que está apasionada con el tema de "mujeres en las cárceles".

Y JUlián, y Josua y Luis y Lautaro, no hicieron más que narrar el mundo que ven, sin poder visualizar un proyecto de vida.
Un docente muchas veces, no conoce las realidades de todos sus alumnos. Yo tampoco, son muchos en la semana. Pero entiendo un poco más a partir de hoy.
No creen ser capaces de cambiar el mundo, ni siquiera como la utopía de algunos de nuestros héroes de la Patria. Ni siquiera como los héroes de todos los días en la vida social argentina. Me pregunto por qué no lo creen, qué hacemos como sociedad para reivindicar a los jóvenes desesperanzados de nuestro hermoso país.
NO se creen hacedores de un mundo mejor y me angustia porque los quiero y porque sé, tengo la certeza de que sí pueden. Pero, ¿qué hago hoy, yo, Analía, profe de Comunicación y Construcción ciudadana para verlos un poco más felices?


Analía Rodríguez Borrego

domingo, 13 de agosto de 2017

Votar en las escuelas: destino utópico.


Acompaño a Marco a votar a la Escuela Secundaria Nº 21 de LA PLAta, pleno Barrio Norte de la ciudad, corazón del Norte más Norte: casas de dos plantas, jardines parquizados, autos importados. Edificios de estructura minimalista, modernos, blancos, hall de ingreso, cuadros y sillones. En calle 36 ente 2 y 3, está la Escuela Secundaria de adultos Nº21, sí, está en pleno barrio Norte, en condiciones paupérrimas. El estilo carcelario de su construcción, el deterioro de las paredes, el azul y blanco de la pintura: mitad de la pared azul, mitad blanca; ventanas con rejas azules, azul marino, oscuro, muy oscuro, me hacen pensar lo que los alumnos y profesores deben sentir cada día al ingresar a cursar sus estudios. Da miedo.

POr un momento creí estar en la cárcel de Olmos y me pregunté, mientras esperaba en la cola para votar, cuántos años hace que en este país las gestiones pasan y pasan sin destinar (no digo presupuesto) exhaustiva dedicación a la reconstrucción de las escuelas argentinas. Me dieron ganas de no votar. Sentí vergüenza de ser docente y, a la vez, compasión por la comunidad de esa, y de muchas escuelas en las mismas condiciones. Nada de presupuesto para reconstruirlas, desde hace años. Menos control aún, en el caso de que algún gobierno haya destinado dinero para ellas.

¿A dónde van los niños y jóvenes a estudiar?¿A dónde estamos trabajando los profesores y maestros?¿De qué dignidad hablan los políticos, administradores de nuestro dinero?

NO me alcanza decir que yo pago mis impuestos, hay una población que no puede pagarlos y para ello trabaja una Nación, para sustentar de manera digna las faltas y carencias de una sociedad en crisis. Sigo pensando...años y años sin mantenimiento en las escuelas. Un mantenimiento que hoy, 2017, se ha transformado en re-construcción, porque mantener no es suficiente debido al estado en el que están.

TRabajo en la escuela Nº 5 de Tolosa. Peor aún el estado en el que está. El 3ro con el que dicto la materia Construcción Ciudadana, está preparando un Proyecto Educativo para mejorar la escuela, "su"escuela. "Nos da vergüenza profe, está todo mal acá", me dicen. Van a hacer una jornada para recaudar fondos y comprar: picaporte para la puerta del aula; reparar las pérdidas de agua de los baños; comprar papel higiénico; arreglar las puertas del baño de las mujeres porque no cierran; pintar las paredes. Vergüenza me da a mí, pienso, que los alumnos se estén encargando de mejorar el lugar donde estudian y en el que viven cinco horas diarias.

La palabra vergüenza genera una especie de carraspera. Incomoda, me obliga a bajar la vista.

Voto, claro, pero en otra escuela, la Thomas Espora, a tres cuadras de la 21. Ingreso por la puerta que da a la PLaza Alsina y se siente el calorcito. Todo brilla, las paredes limpias, decoradas con carteles de los alumnos de la primaria. Me asomo a un aula mientras espero ingresar al cuarto oscuro: enorme, con un pizarrón de pared a pared perfectamente pintado, bancos nuevos, paredes impecables. Calentito, todos los ambientes están calentitos. Que lindo estar acá, pienso. Que suerte tienen los que trabajan y estudian en ésta.

NO me alcanza. Pienso en las otras, porque son la mayoría. Acá sí me dan ganas de votar. Pero pienso en las otras, en sus profes y en sus alumnos con frío, sin picaportes y sin puertas en los baños.

Voto.
Salgo del cuarto oscuro.
Bajo las escaleras de la escuela.
Llego a casa y también está calentito. En mi casa todo funciona.


Analía Rodríguez BOrrego

martes, 1 de agosto de 2017

Respirar profundo y seguir dudando.


“Estoy aburrida profe”, me dice Nadia mientras me mira por encima de la lapicera Bic azul que se lleva a la boca. ¿Terminaste las tres preguntas Nadia?, le digo sorprendida de una velocidad que sospecho imposible. Respiro profundo y pienso qué mecanismo utiliza ella, con sus trece años, para sentirse aburrida con el desarrollo de un trabajo que no le lleva más de tres renglones de escritura.

- ¿Le pasa algo profe?- me dice con voz preocupada ante mi silencio en plena respiración yóguica.
- No Nadia, no me pasa nada. La primera pregunta te pide que expliques la respuesta que hayas respondido, ¿la explicaste?.
- ¿Cómo explicar? No entiendo profe.
- Si respondiste que para patinar es necesario ponerse un par de patines, explicarlo quiere decir que tenés que contar cómo se ejecuta ese patinar con el cuerpo.
- ¿Y cómo lo explico? No entiendo.
- Lo contás Nadia, como si contaras un cuento, paso por paso qué partes del cuerpo se mueven, cómo te inclinás para no caerte, qué ves mientras patinas, de qué color son las paredes del club cuando tomás velocidad. Como si contaras un cuento…
- ¡Ah! Como un cuento sí, ya sé como es entonces.


Nadia no duda cuando le pido que escriba con la escritura y la lógica de un cuento. No comprende (cree que no comprende) el término “explicar” porque tal vez no sepa ni haya realizado nunca el ejercicio de explicar una práctica como un deporte. Tal vez, pienso, lo ha hecho de un texto conceptual o teórico. Pero ¿cómo explicar lo que sucede cuando hacemos algo que tenemos naturalizado y que es parte de nuestro mundo invisible? Ella no sabía que sabía explicar y, la lógica del cuento tal como la estudian en la escuela, es funcional a la historia como texto sin tejerse, sin búsqueda de sentido, como una serie de signos que se hilvanan en un mecanismo autómata. Aún así, ella sabía esa estructura claramente, solo que no tenía conciencia de que esa estructura podría colaborar a construir otro texto nuevo a partir de su cuerpo, a partir de un mapa que se extiende y teje estrategias de comprensión y nuevos sentidos.


Nadia me enseñó hoy ( a pesar de los gritos que tuve que dar para que me escucharan una mínima explicación que intuía les serviría a todos), que la narración es lenguaje vivo y nos provee de una enorme cantidad de voces que nos habitan y quedan atrapadas en algún lugar de nuestro cuerpo.
Hay escenas en las que es posible que ese lenguaje narrado, emerja y alguien como yo, respire hondo ante un “estoy aburrida/o” de un alumno, para sumergirme en mi propio mar de dudas.

De la escuela, del aula, nunca se sale con demasiadas certezas.

Analía Rodríguez Borrego

domingo, 30 de julio de 2017

Leer el mundo

“La humildad nos ayuda a reconocer esta sentencia obvia: nadie lo sabe todo, nadie lo ignora todo”. El grito manso, Freire Paulo.






El registro de la voz suave y serena de mi abuela, al costado de la cama, inventando historias que sabíamos podían transformarse en realidad, es el vivo reflejo de un mundo que se mezclaba con la calle, lleno de colores que hablaban del hombre de la plaza, que por las noches se transformaba en hombre lobo mientras que por la mañana, era el placero de larga barba blanca. Esa voz a mi oído, tomándome la mano, me conectaba con el afuera cada noche antes de ir a dormir. A través de ella, podía ver el monumento de la plaza Mitre, encastrada en medio del barrio, atravesada por un sinfín de historias secretas que serían descubiertas por mí más adelante, cuando fuera capaz de cruzar la calle sola y hundirme en la tierra de sus juegos.



Por el portón pasaba el universo. La pequeña ventana hacia el espacio exterior hablaba de libertad y cercanía con los otros; esos otros que deambulaban al trabajo, en medio de un calor sofocante que me tenía atornillada al piso de granito frío del garaje de casa, en Santa Rosa.
Ese mundo pertenecía a otros con los que no podía comunicarme; su tiempo no coincidía con el mío, ni siquiera me veían detrás de la ventana intentando saludar con energía descabellada. Yo solo deseaba salir de ese espacio tan cerrado, sin árboles ni tierra, lleno de piso frío y una parra enroscada de un pobre y exhausto alambre en forma de techo. Una parra llena de abejas que protegían celosas la miel de aquel fruto. Logré trepar la escalera y alcanzar un racimo. Mis hermanas miraban silenciosas desde la puerta de la cocina, abajo, temerosas de la audacia inconciente de trepar siendo mujer. Pude asomar la cabeza al otro lado, a la casa del vecino, y respiré el olor a comida guisada. Un olor diferente al de casa, un olor que me hacía picar la nariz con cada inspiración. Me quedé oliendo, respirando el afuera con la complicidad de mis hermanas que, asustadas, no podían delatarme, ellas también habrían experimentado esa escala y los código fraternales no se rompen de niñas, tal vez sí en la adultez.
Crucé la plaza en invierno, sola. Un Mitre gris y rígido me parecía ahora algo más pequeño que antes. También lo trepé, pero esta vez en compañía de los hermanos Perrini, que me observaban como a bicho raro pero continuaban su feroz competencia con la niña que ascendía rápidamente.



Nos fuimos lejos, justo cuando quería llegar a la cabeza de Mitre, a su cabeza calva, resbalosa y desafiante. Atravesamos la frontera y me encontré en la tierra en que los indios aún lloran en las calles su mendicidad injusta. Y los vi cabizbajos, ermitaños, asustados mientras caminaban por un lugar que no les pertenecía. Ya estábamos en Perú, lugar en el que vivimos tres años y en el que transité mis primeros pasos en la escuela. Con la escuela también llegaron las burlas que me mantenían distante y cuidadosa, tan cuidadosa como el resto de ellos, que se protegían de siglos de soledad y destierro. Arequipa formaba parte de la que sería mi historia, ya estaba siendo mi historia, era parte de mí, se me metió en la piel, en la lengua, en los gestos, en las rutinas y en la vida cotidiana. Los rituales me atravesaban a la espera comunitaria del primer temblor del día, entre risas y expectativas: siempre esperábamos el caos, jugábamos a caernos y el globo terráqueo se destrozaba para nosotros en medio de una escena montada para los niños. Vivía con gente que no compartía nuestros gustos, ni nuestra música, ni nuestras comidas argentinas; pero empecé a disfrutar poco a poco del sabor de las hormigas en la lengua al ingerir alimentos muy picantes. Mi lengua, mi lenguaje se transformaba paulatinamente en un espejo que miraba lo desconocido, lo diferente. Yo era ellos.


La escuela me mostraba una historia de colonos ambiciosos y despiadados que a mi país no habían llegado. Años más tarde, ya devuelta a Argentina, la historia de América Latina se transformaría en una urdimbre cultural confusa y contradictoria a la narrada en Perú durante mis primeros años escolares.

Pero los colonos fueron enemigos de la gente de allá y amigos de la gente de acá.¿ Pero los colonos no robaban el oro de los incas señorita?, pregunté en Argentina en quinto grado a la señorita Delia, quien me llevó a dirección por mal educada. Claro, yo me eduqué en el lugar donde los indios siguen llorando por las calles, en los valles, en los pueblos y en las ciudades. Mientras que acá, no los vemos, no conviven con nosotros, no sabemos nada sobre sus ritos, sus creencias, sus poderes, no sabemos nada porque nadie nos cuenta que la historia fue otra. No escuchamos sus voces, no hablamos con ellos, no sabemos qué comen ni cómo viven, si es que viven.


Y regresamos a Argentina después de unos años. El olor a miel de las uvas, a la comida del vecino, el vértigo por subir a la cabeza de Mitre se habían evaporado. El aire no se respiraba. Mi cuerpo me asustaba y la ciudad estaba sumida en la desconfianza. Regresamos en el ’78 y tuve que empezar a quedarme adentro de casa mucho tiempo. Las palabras escritas ahora tomaban la forma de las historias de la abuela. Podía verlas, tan negras y rígidas, enmarcadas en un cuadro perfecto. En aquel momento las imágenes habían desaparecido y solo alguna página perdida trazaba una pintura sombreada y difusa. Entonces me di cuenta que las imágenes podía inventarlas con cada palabra que leyera, con cada frase, con cada párrafo. Así las escenas construían ciudades, paisajes, objetos inanimados, anímales mugrosos y niños desamparados.
Pero la lectura de aquella literatura me parecía lejana y ajena si la comparaba con la realidad que vivía día tras día. A pesar de todo, seguía consumiendo vorazmente las historias y a intentar reproducirlas adaptándolas en una escritura plagiada, en la que otras culturas de la niñez se filtraban en mi memoria. De pronto no era tan grave ser huérfana en la ficción porque ya había visto la orfandad desde otros lugares. Y entonces, esas historias podían ser contadas a partir de una nueva versión del mundo que me habitaba. Las lecturas de ese mundo se bifurcaban unidas por dos culturas que eran parte de mí por elección.



Fui creciendo y armando un tejido de narraciones en el mapa de mi cuerpo y de mi mente. Todo tipo de texturas asomaban a través del lenguaje que pugna por salir. Un nuevo término se adaptaba a mi pensamiento y yacía ahora dentro de mi breve existencia: “leer”, como síntoma y como experiencia del choque de culturas que me habitaban y que aun me habitan en la mujer adulta que soy.



Analía Rodríguez Borrego

miércoles, 26 de julio de 2017

Hablamos de lectura/escritura.

Camino a la construcción lectora.

“(…) no creo que comprendiera las palabras, pero sentí que algo me sucedía. Y no sólo afectaba a mi inteligencia sino a todo mi ser, a mi carne y a mi sangre”. Jorge Luis Borges

En la cita que da inicio a este texto, Borges hablaba de la poesía (“El enigma de la poesía”), recordando a su padre leerle en voz alta. Una experiencia que hacía por momentos incomprensible la totalidad de las palabras, pero cuya significación quedaba grabada en algún lugar del pensamiento, en algún recodo del cuerpo. Así la lectura es una experiencia que abre puertas a un universo desconocido, pero que a la vez nos encuentra siendo en un lugar interno que descubrimos con lentitud en el transcurso del tiempo. Leemos como acto inaugural del mundo que descubrimos. Comenzamos a crearlo y representarlo mediante el lenguaje que armamos como rompecabezas de la existencia, concientes e inconcientemente. Nos sorprende la palabra, la voz, el gesto, la imagen, nos sentimos parte y no parte a la vez, mientras se traducen en infinidad de símbolos y signos, el universo delante nuestro.

Somos y pertenecemos en tanto recuperamos memoria, recordamos y transitamos el desorden en el que andamos. La lectura como experiencia poética, podría manifestarse como acto de creación, en tanto “crear no es otra cosa que traducir los caracteres de ese libro interior y preexistente a un lenguaje exterior que lo exprese” . En ese libro podrían desarmarse y volverse a armar, los recuerdos de vivencias significativas, el traducir del mundo que nos circunda y se transforma en el tiempo y con el tiempo, los entramados de historias que nos permiten pensar y pensarnos de diversas formas. El lenguaje ha ingresado en nosotros y se ha hecho carne como lo hace la poesía con la combinación de signos que desmembran ese mismo lenguaje en construcción. En el leer que Larrosa entiende como traducción, el lenguaje mismo en movimiento dice, “ya es traducción”.
En la experiencia lectora nos encontramos con aquellos mediadores que facilitan la creación de nuevas miradas del mundo. Es allí donde es posible “llevar el texto hacia nosotros” y apropiarnos del mismo, o movernos hacia él y des-apropiarnos, en palabras de Larrosa, para “dejar vulnerable nuestra identidad”. Es allí tal vez, donde se produzca la decepción de la que habla Bárcena Orbe, esa decepción que transita en nosotros como sensación, mientras nos encuentra desestabilizándonos y provocando quiebres en las estructuras del pensamiento. Hay alguien que nos ayuda a pensar, que moviliza nuestra interioridad, que nos muestra el vínculo que establece con el saber. En ese mostrar, nos deja aprender con la libertad de quien busca a partir de la profundización de su conocimiento y del conocimiento del mundo. “Aprender como relación” explica Bárcena Orbe, es dar a conocer ese vínculo entre el maestro y lo que sabe, teniendo en cuenta “que quien enseña, emite pistas, signos, que dan a pensar al aprendiz. Son signos que dan a pensar y que configuran el espacio abierto en el que libremente el aprendiz se mueve y decide por sí mismo lo que hay que aprender” . Entonces, aprender podría decirse que es un re-crear de lo que el maestro ha recibido como memoria de sentido para ser transmitido a otros, para ser dado a conocer y permitir de esta manera reconstruirlo, modificarlo, recrearlo en libertad y como acontecimiento ético, en tanto experiencia que nos hace responsables como habitantes de una ciudad, como ciudadanos que descubrimos las diversas tramas de un acontecimiento, de una situación que otros han vivido, “de un encuentro con otro que no soy yo” .
Así, la enseñanza, la intervención de los mediadores, implica un acercamiento que da tiempo al otro, que permite que dialogue con sí mismo y con el mundo, que acompaña y establece un nuevo vínculo. El tacto educativo que Bárcena Orbe traduce en un decir “acariciando”, en un mostrar sin tiempo que ayuda a descubrir-se, a conocer-se, a explorar-se en conexión con esa otredad que surge de la experiencia de leer y de leer-se en el Otro. Un acto de amor, un acto humanizante, de hospitalidad, de generosidad. Y la lectura que comienza siendo una experiencia llena de misterio en la mirada y en la observación de ese otro que lee, se convierte en la propia forma de existencia que es posible descubrir en la Literatura: una nueva forma de mirar el mundo, de explorar, de pensar, de sentir-nos. La experiencia lectora nos obliga a ir hacia el recuerdo para reconstruir nuestra imagen e identidad, nuestra relación con las palabras, con las cosas, “para investigar sobre los enigmas del amor o del poder, aclarar aspectos de sí mismos que los inquietan” .

La escritura y la lectura forman parte del mismo acto de conocimiento del Otro, de uno mismo y de uno en relación con el todo. M. Petit cita a Proust en un texto en el que habla del trabajo del artista en tanto escritor, en tanto lector que encuentra en la lectura la posibilidad de volar y abrir puertas, en tanto “levantar el velo de miseria y de insignificancia que nos deja indiferentes ante el universo”.

Aprender a observar es aprender a ver, como en el cuento de Eduardo Galeano, en que el niño le pide a su padre, mientras observa la inmensidad del mar, que le ayude a mirar. Ante la inmensidad se corren los velos y es posible quedar decepcionados, descentrados, desestabilizados, con miedo, aterrados de conocer lo nuevo que somos y que vemos en ese Otro que nos refleja. Leer es atravesar ese miedo, “el casos que reina en el prójimo”, y escribir sería entonces un acto de resistencia a ese miedo, “un acto de protesta, hasta de rebelión en contra de ese miedo” .

Por Analía Rodríguez Borrego

martes, 25 de julio de 2017

Un Proyecto Educativo: breve, dos veces ..

Elaborar un Proyecto Educativo en Educación Secundaria, suele ser un arduo trabajo que desde hace años vengo realizando como Profe. Sin embargo este año, por razones de la mente que desconozco (no logro comprender los procesos de la psiquis, mía claro), elaboré cada uno de los Proyectos aprendiendo a "escuchar" la voz de mis alumnos.
Me tomé el trabajo de escucharlos sin interrupción clase a clase, permitiendo que se expresen y solo guiando sus reflexiones en pro de los contenidos iniciales. Descubrí que los Proyectos fueron surgieron de esa escucha constante y atenta, mientras respiraba profundo para sentir (con el corazón y la mente)sus voces. Comparto un brevísimo proyecto que emergió de un año de secundaria y espero les sirva:

Proyecto pedagógico: ejecución.
Lectura y Escritura como prácticas sociales/culturales.

• Charlas de escritores platenses en el aula: la intervención de escritores de la ciudad de La Plata, cuyos textos han sido leídos y trabajados en el aula, es fundamental para comprender la actividad lectora y de escritura como prácticas culturales en toda sociedad que se interesa por fomentar desde la educación, tanto formal como no-formal, es espíritu crítico y autónomo de todo ciudadano de bien. Esta interacción de los escritores Graciela Falbo y Roberto Moscoloni con los alumnos, serán parte del Proyecto que se llevará a cabo con 1ro B, cuyo interés por las rondas de lectura dentro del aula han sido de gran importancia en el desarrollo de la materia.

• Desarrollo de preguntas de los alumnos a los escritores invitados: teniendo en cuenta los trabajos realizados de lectura y escritura dentro del aula durante el año, los alumnos podrán elaborar preguntas vinculadas al oficio de escritor y sus implicancias en el mundo actual. Las ficciones que los jóvenes leen en la cultura de hoy, están atravesadas por infinidad de significados que ellos construyen a partir de la puesta en común en el aula y fuera de ella. La realidad que los circunda, forma parte de esa construcción simbólica que sirve de materia prima para crear sus propias ficciones. La escritura de sus textos de ficción como formas narrativas y la práctica de estas escrituras, hace posible que puedan elaborar sus preguntas a los escritores desde un lugar de experiencia personal en diálogo con el otro.

• Ciclo de debate en el aula sobre el oficio del escritor. Abrir el debate sobre el oficio de escritor, implica compromiso con el hacer en una sociedad que se interesa por participar en las actividades culturales, más allá de lo partidario. El escritor es un ser político que reconoce una realidad social y en su narrativa (ficción o no-ficción) manifiesta parte de esa realidad en vínculo directo con los deseos y sus simbologías.

Por Analía Rodriguez BOrrego

Texto fundacional

“No habría creatividad sin la curiosidad que nos mueve y que nos pone pacientemente impacientes ante el mundo que no hicimos, al que acrecentamos con algo que hacemos”. Paulo Freire.

¿TRANSFORMACIÓN EN LA ESCUELA ACTUAL?

- Rodrigo, te pido que me dejes explicar el trabajo que tienen que hacer. Solo un minuto de corrido para que todos tus compañeros entiendan ...