Tengo inquietudes que podría traducir en "miedo" cuando regrese al aula en la escuela secundarias. Los profes no hemos hablado de las emociones que nos atravesaron desde nuestro lugar en esta cuarentena. Solo se han escuchado los discursos que expresan el cansancio, el hastío, el estrés y la falta de lógica en este período desconcertante de la Educación media.
Pero de cómo volveremos nadie habla, como si un gran silencio cubriera el tema Educación, como un velo que nadie quiere poner en palabras.
Porque qué profe no se ha replanteado su función educativa, su lugar en el sistema, su vulnerabilidad ante la vulnerabilidad de tantos pibes de quienes no sabemos nada (recuerden que hacía dos semanas que habían comenzado las clases cuando la cuarentena llegó). Como los sobrevivientes de una guerra, hemos silenciado la palabra, no podemos hablar de la escuela que queremos luego de esto, no podemos armar un proyecto que incluya tanto abandono y tristeza de la población educativa.
Solo se habla de las quejas... del estrés, de la locura.
Me replanteo cómo volveré al aula, cómo será pisar los pasillos de las escuelas, qué sentiré al entrar al aula, al ver las caras de los pibes que nunca conocí en 2020. Me replanteo si volveré a la escuela.
Intento imaginar una clase...no lo logro. Intento recrear y reformular una, donde todos podamos expresar lo tan callado en estos meses. No puedo. Quiero ser una más entre ellos y manifestar lo que he analizado sobre la Educación en el mundo.
Pero no es posible armar una foto de ese día, ni darle letra, ni ponerle el cuerpo. Porque tampoco imagino qué escuela habrá detrás del arcoiris, qué rostros me mirarán y qué lenguaje usaremos al regreso...si hay regreso.
La Educación ya estaba en crisis antes de "cuarentena". La Escuela temblaba como torre de Babel. Ahora la imagino impenetrable en su discurso, sosegada en su voluntad, devastada en su sentido.
Ahora la imagino tambaleante, desconcertada, desabastecida, pero con resabios de soberbia aun.
Pero no logro una foto de ese día en que pise sus pasillos y vea los rostros que no vi, y escuche a todos en el fragor de narrar lo inenarrable sobre lo sucedido.
Ojalá podamos usar todo el 2021 solo para intentar ponerle palabras, dentro el aula, a tantas historias que merecerán ser contadas. Para no silenciar más, para encontrarnos sin contenidos y planillas de mierda. Para mirarnos a los ojos y descubrir que somos más humanos que antes.
Analía Rodrìguez Borrego.
Librepensante.
En este blog convergen pensamientos, reflexiones y experiencias en diferentes ámbitos educativos, que derivan de la actividad docente, en articulación con la teoría y el mundo de los textos. El trabajo de campo implica revisar permanentemente la práctica docente/profesional como lugar de reflexión y construcción del conocimiento. Aquí, vamos...
miércoles, 29 de julio de 2020
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