En este blog convergen pensamientos, reflexiones y experiencias en diferentes ámbitos educativos, que derivan de la actividad docente, en articulación con la teoría y el mundo de los textos. El trabajo de campo implica revisar permanentemente la práctica docente/profesional como lugar de reflexión y construcción del conocimiento. Aquí, vamos...
jueves, 7 de mayo de 2020
EL MÉTODO
LA ESCUELA ha muerto en la cuarentena de 2020. La institución más prestigiosa de los últimos 200 años se ha visto afectada por la imposibilidad de desarrollarse tal como lo venía haciendo. Una nueva forma de mirar al mundo ha surgido y con ella, la educación formal deberá alterar su rutina tradicional para ingresar en el nuevo mundo que se abre de par en par.
Los docentes y profesores, comienzan a entender que las nuevas tensiones se producen a partir del encierro en estados de encierro, un doble blindaje que azota a alumnos, a padres, a directivos, a inspectores y al sistema en su totalidad. ¿Porqué doble encierro? Se entiende que la situación de cuarentena obligatoria, suspendió, puso en pausa al planeta, a las sociedades, al ser humano como sujeto social, y también como entidad biológica que forma parte de un ecosistema.
La prohibición de la libre circulación es el primer encierro, impuesto, privativo de lo público. Sabemos todo lo que implica como sociedad, no poder salir al espacio que es de todos y que fue creado para todos: plazas, calles, recreación lúdica, recorridos artísticos, etc.
El segundo encierro, aparecería en el orden de lo íntimo, lo intrínseco del ser humano, esto es , lo vinculado a la obligación de tener que mirar hacia adentro, de observar qué hay en las profundidades de la psquis, de nuestro campo interno, de nuestro mundo emocional. Este también es un encierro seudo obligatorio: no tenemos más remedio que hacerlo y, al ingresar en ese campo, amorfo muchas veces, nos debatimos entre la vida y la muerte de nuestras más arraigadas concepciones existenciales. Se inicia así una cadena de desprendimientos morales, ideológicos, teóricos y de creencias. Todas dimensiones que en el diario devenir de la vida cotidiana, no podíamos repensar con la conciencia de un contexto de cuarentena. No digo que todos los seres humanos estén repensándose existencialmente en este momento, pero sí es preciso decir que, debido a este singular contexto de pausa obligatoria, surgen espontáneamente pensares y sentires que reorganizan la vida y sus pensamientos: la vida interna y la externa.
En esa reorganización, aparece la necesidad del deseo de cambio, de transformación. Hemos descubierto que el trabajo es el yugo, lo estamos transitando más allá de las teorías laborales; entendemos que en ese encierro más íntimo, muchas veces la escucha se agudiza y los discursos que antes parecían estériles, toman forma, y su significado nos devuelve la imagen de lo que sí somos. Nos vemos como individuos dentro de otro individuo, un cuerpo dentro de otro cuerpo, dos, habitando los encierros, dos encierros, dos en constante batalla. Se produce la duplicación, el binomio encierro-encierro. Como si uno nos llevara indefectiblemente al otro, como si el confinamiento impuesto nos condujera al encierro interno y allí, se librara la batalla de dos fuerzas que son pulsión de vida, o de muerte.
Se instalará la pregunta acerca de lo que fuimos hasta aquí, de los sistemas que se sostuvieron hasta este momento, modelos que hicieron de nosotros lo que somos, que nos constituyeron como sujetos sociales, pensantes, sintientes.
La Escuela muere de golpe, aplastada por una pandemia que se dice tal sin demasiados fundamentos estadísticos, pero que ha llegado para poner en jaque la existencia de la institución más prestigiosa y democratizadora que nos hace (hacía?) libres.
¿Cómo volver al aula, ese espacio enrejado, cuadrado simétrico que se asemeja a una celda, en la cual se imparten órdenes y directivas uniformadas cual soldados prusianos, y de las cuales se espera el cumplimiento o la sanción? ¿Quién regresa a ese otro confinamiento absurdo a pararse en el frente ( de batalla) y hacer de cuenta que nada ha pasado porque apremian contenidos que el mundo global ya ha puesto al servicio de todos? Pero a su vez, ¿quien tendrá el valor de pensarse si quiera caminando por los patios, recorriendo los pasillos, saliendo a la calle a dialogar con los alumnos sobre lo que sucede a la vuelta de sus casas?
¿Qué método utilizaremos en la comunidad educativa para desarmar los depósitos de niños y adolescentes que hemos construido como sociedad? Porque a la escuela volvemos todos. Sin embargo, no es posible el regreso sin habernos por lo menos replanteado quienes somos, qué mundo queremos dejar a las generaciones futuras, quien es ese otro que nos habita, y porqué no es posible darle cause a esa energía vital que es tan doble, como el confinamiento.
Analía Rodríguez Borrego. Librepensante.
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